“Avengers Endgame”: épico fin a la era que definió Marvel

El Universo Cinematográfico de Marvel concluye un ciclo colmado de éxitos con su mayor aventura.

Todo acerca de Avengers: Endgame apunta a una conclusión. Al final de una era de hacer cine a esta escala basado en estos personajes. A la satisfactoria terminación de un significativo capítulo en más de una carrera profesional. Al fin de un extenso arco narrativo, el cierre de un ciclo que comenzó hace más de una década y el comienzo de otro, aunque cabe preguntarse si este podría igualar al original. Sería insensato apostarle en contra a uno de los estudios más lucrativos en la historia del medio, pero el experimento parecería irrepetible, incluso para quiénes fabricaron la fórmula.

Durante once años y a través de 22 largometrajes, Marvel Studios ha construido con mucho esmero, visión y -sobre todo- paciencia, el largo camino que juntos hemos recorrido hacia el evento cinematográfico que actualmente se exhibe alrededor del mundo. Como todo fenómeno, reproducirlo no será tarea fácil, y lo que hoy vemos en el cine, probablemente será recordado como su cenit. Las aventuras de los superhéroes de Marvel Comics en la pantalla grande no solo han impactado la industria de manera indeleble, sino que también han marcado a toda una generación que creció viendo a estos actores y actrices interpretando estos papeles, y a ellos especialmente se le dedican estos 182 minutos que contienen su mayor trabajo en equipo.

La dedicatoria, sin embargo viene con uno que otro problema, aunque ninguno que se pueda discutir aquí en detalle, ya que prácticamente todo lo que se pudiera decir sobre la trama de Avengers: Endgame es un posible spoiler. Un fuerte aplauso para los cineastas detrás del filme por amarrarnos a los críticos dentro de esta camisa de fuerza. Aquí les va este intento de abordar lo inmencionable* como si se estuviera atravesando un campo minado sin apartar la mirada del monitor.

Para bien y/o para mal, esta es la clase de película cuya máxima efectividad depende de no conocer todos sus giros y sorpresas que, a crédito de la producción, no han sido ni tan siquiera insinuados en el material publicitario. Descubrirlos en el cine -y más si se hace en uno lleno a capacidad de fanáticos acérrimos de Marvel- es el mayor gozo que esta clase de entretenimiento puede ofrecer. Los gritos, los aplausos, los sollozos y -les juro, no exagero- los saltos de las butacas que presencié en la sala valen por si solos el precio de la taquilla. ¿Cómo resistir el contagio de semejante euforia? Imposible. Avengers: Endgame, más que un largometraje, es una máquina alimentadora de “fan-service”: material en un trabajo de ficción calculadamente incluido para provocar la más fácil e instantánea satisfacción en los fanáticos. Los directores Anthony y Joe Russo saben exactamente cuáles botones oprimir, cómo hacerlo y con cuánta frecuencia. Los espectadores somos Charlie Chaplin en una de las más famosas escenas de Modern Times, amarrados a una silla ingiriendo la constante serie de referencias, cameos, chistes internos, guiños y momentos emblemáticos de los comics que jamás imaginamos ver algún día en pantalla.  

De cerca, es la fantasía de todo niño hecho realidad, tres horas de nuestros superhéroes favoritos tratando de deshacer la hecatombe cósmica que el titán “Thanos” desató con el chasquido de sus dedos en Infinity War. A distancia, es posible ver las grietas en el guión de Christopher Markus y Stephen McFeely, aquellas áreas en las que la historia recurre a demasiadas conveniencias, las incongruencias típicas de un concepto bastante recurrente en las historias de ciencia ficción y -en un caso en particular- pura insensatez. ¿Convendría que estas hubieran sido mejor pensadas? Claro que sí. ¿Habría hecho esto una gran diferencia en el resultado final? Probablemente no. ¿Le resta algo al objetivo primordial de la película? En lo absoluto. Apenas son perceptibles entre tantos momentos que aprovechan máximamente todas las figuras de acción que hay dentro del inmenso baúl de juguetes conocido como el Marvel Cinematic Universe (MCU). Nosotros solo vinimos a ver a los directores jugar con ellas y el multimillonario presupuesto que les permite crear magia fílmica.

Cada una de las tres horas de Avengers: Endgame cumple un propósito por separado: la primera a mostrar los efectos del genocidio universal perpetrado por “Thanos” en los integrantes originales de los “Avengers”; la segunda, a cosechar la siembra realizada a lo largo de 22 películas, recordándonos cómo caímos bajo el hechizo de ellas originalmente; y la tercera, al más épico desenlace jamás ejecutado en un blockbuster de esta índole. Es todo un espectáculo en tres actos con un desarrollo emocional que nos lleva desde el punto más bajo hasta el mayor sentido de diversión que ha proveído el MCU. Una última aventura con “Iron Man”, “Captain America”, “Thor”, “Black Widow”, “Hulk” y “Hawkeye” antes de pasar la página a lo que sea que vaya a ser este universo de este punto en adelante.

Y hablando de los protagonistas, mención aparte merecen Robert Downey Jr. y Chris Evans como “Tony Stark” y “Steve Rogers”, respectivamente, dos actores que -al igual que Christopher Reeve con “Superman”- definirán perpetuamente a estos dos superhéroes en el séptimo arte. El excelente trabajo realizado por ambos durante los pasados once años en un puñado de largometrajes viene a cobrar aquí sus recompensas. No hay mucho más que pueda decir sin pisar una de las susodichas minas, así que me limito a señalar que lo mejor de ambos como “Iron Man” y “Captain America” lo encontrarán aquí.   

Los filmes de Marvel no volverán a ser los mismos después de Avengers: Endgame. Esta no es una opinión, es un hecho. Quienes ya la vieron entenderán por qué. La historia del MCU se dividirá en el antes y después de este capítulo que guardará muchísimo significado para millones de fanáticos, tanto los que crecieron leyendo cómics como los que jamás han abierto uno, pero que hoy, gracias al increíble trabajo de cientos de cineastas, actores y actrices a quienes en esta película se les rinde tributo, abarrotan los cines para darse una escapada con los “Avengers”. Independientemente del medio en el que aparezcan, ese siempre ha sido su mayor poder.

*Para escuchar una discusión más a fondo de Avengers: Endgame, te invito a escuchar este episodio del Podcast de Próxima Tanda a través de la página de Patreon.

Posted by Mario Alegre Femenías

Nacido en Puerto Rico y criado en el cine, Mario Alegre Femenías se desempeña como crítico de cine desde el 2003. Sus héroes cinematográficos incluyen a David Lynch, Akira Kurosawa, Studio Ghibli y Mr. Miyagi. En su tiempo libre disfruta de los juegos de mesa, los videojuegos y educar a sus hijos "on the ways of the Force".

  1. Johan Vazquez 04/26/2019 at 11:30 am

    Cuanto “research” hiciste para encontrar ‘chasquido’ o es parte de tu vocabulario regular? 🤣

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  2. […] Como mencioné al principio de mi reseña, Avengers: Endgame debe ser visto claramente como un final, no para el Marvel Cinematic Universe (MCU) -Disney no parará de hacer estas películas hasta que millones de nosotros dejemos de pagar por verlas-, pero sí para este capítulo y estos personajes. El Infinity Saga narrado a través de 22 largometrajes concluyó con las muertes definitivas de dos de los integrantes principales de los Avengers y la insinuación de que otro de ellos ya estaba con un pie en la tumba. “Tony Stark” no volverá, “Black Widow” se sacrificó (estúpidamente, en la única escena que me disgustó de la película, pero se sacrificó) y “Steve Rogers” tuvo quizás el mejor final posible tras haber vivido la vida que no pudo tener originalmente junto a “Peggy Carter”. Esto nos deja con “Hawkeye”, “Hulk” y “Thor”. Los primeros dos son personajes secundarios, mientras que el dios nórdico se montó con su panza de cervecero en la nave de los Asgardians… perdón, los Guardians of the Galaxy, con rumbo desconocido. Así que como verán, estamos faltos de líderes en la Tierra. […]

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  3. […] Far From Home. La secuela de Homecoming también tiene que lidiar con las repercusiones de Avengers: Endgame y servir de preámbulo a más de un largometraje futuro. Hay tantos quehaceres internos siendo […]

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