“A Wrinkle in Time” no despega de lo terrenal

La simple aventura promete viajes a través del tiempo y espacio con una limitada imaginación.

A Wrinkle in Time es prueba de que se puede admirar las intenciones de una producción aun cuando la suma de sus virtudes no logre equiparar la de sus carencias narrativas. Aquí tenemos una multimillonaria adaptación de la popular novela de fantasía de la autora Madeline L’Engle -publicada en 1962-, llevada a la pantalla por la célebre directora Ava DuVernay (Selma13th) con un reparto multirracial que responde a los reclamos de diversidad que se han dado en la industria en los últimos años. Cinematográficamente, es una propuesta llamativa -al menos cuando no depende plenamente del CGI-, mas la historia nunca despega con la emoción necesaria para trascender el puro estímulo visual.

La culpa, quizás, recaiga en la fidelidad al libro original. El argumento es prácticamente el mismo cuando bien se pudo haber beneficiado de dos o tres de esas alteraciones que los fans deploran pero que a veces son requeridas para la efectiva transición de un medio al otro. La imaginación individual puede ser más potente que cualquier imagen proyectada en el cine -sobre todo cuando se lee de niño, que es cuando la mayoría de las personas se topan con esta novela-, y lo que funciona en la página no necesariamente lo hará frente a las cámaras. Cuando dicen que un material es “inadaptable”, a veces tienen razón, no porque no se pueda, sino porque es propio de dónde se realizó originalmente.

En Storm Reid, DuVernay encuentra el conducto indicado para canalizar las típicas lecciones de empoderamiento, creer y aceptarse a sí mismo que figuran en la mayoría de estos filmes infantiles. La talentosa actriz encarna a “Meg Murry”, la hija mayor de un matrimonio de científicos, cuyo padre (un desaprovechado Chris Pine) desaparece cuando experimentaba con una ecuación que permitiría trasladarse en tiempo y espacio. A cuatro años de este impactante suceso, la estudiante de escuela intermedia aún no logra superar la aparente pérdida de su papá. Sus ejemplares calificaciones van en picada y sus compañeros de clase se mofan de ella con crueldad.

“Meg” tiene un hermano tan brillante como ella, “Charles Wallace”, interpretado por Deric McCabe con esas cadencias de niño actor que siempre se notan calculadas y artificiales. Sin ninguna explicación acerca de cómo llegaron a su vida, “Charles” le presenta a su hermana a dos mujeres, de nombre “Mrs. Whatsit” (Reese Witherspoon) y “Mrs. Who” (Mindy Kaling), quienes revelan que son seres astrales capaces de viajar a través del universo en compañía de “Mrs. Which”, papel a cargo de una versión agrandada de Oprah Winfrey. Los tres entes sobrenaturales juran saber la localización del papá de “Meg”, por lo que emprenden una excursión interestelar para encontrarlo, visitando lugares tan exóticos como: el pie de una montaña; eh… una playa; mmm… un campo silvestre; un bosque, y… una urbanización común y corriente.

Para ser una historia de fantasía con la posibilidad de viajar a cualquier rincón del cosmos, la acción de A Wrinkle in Time se desarrolla en los escenarios más terrestres posibles. La dirección de DuVernay -que favorece los close-ups– brilla al principio de la trama, cuando el enfoque está en el drama de la vida de “Meg”. Igualmente despunta cuando se acerca al final, y hay un poco de espacio para los sets, uno de ellos incluso con la evocación de La montaña sagrada de Alejandro Jodorowsky. Sin embargo, cuando la estética es dominada por los efectos digitales y las escenas exteriores en lugares tan cotidianos como los mencionados anteriormente, las insuficiencias del libreto salen a flote. El fuerte vínculo emocional entre “Meg” y su papa” -establecido cabalmente por Reid y Pine-, sufre a raíz del poco tiempo que comparten en pantalla, mientras el star power de Oprah y Witherspoon no es suficiente como para levantar lo que no funciona.

El debut de DuVernay en las mega producciones de este calibre deja mucho que desear, pero no es por falta de esfuerzo de su parte. Sus intenciones son encomiables, aun cuando la simpleza narrativa y los lindos visuales hagan de A Wrinkle in Time una oferta de entretenimiento exclusivamente para niños.

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Posted by Mario Alegre Femenías

Nacido en Puerto Rico y criado en el cine, Mario Alegre Femenías se desempeña como crítico de cine desde el 2003. Sus héroes cinematográficos incluyen a David Lynch, Akira Kurosawa, Studio Ghibli y Mr. Miyagi. En su tiempo libre disfruta de los juegos de mesa, los videojuegos y educar a sus hijos "on the ways of the Force".

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