“Mary Poppins Returns” evoca la magia de la original

Emily Blunt y Lin-Manuel Miranda irradian alegría en esta secuela al clásico de 1964.

La cantidad de musicales que genuinamente adoro los puedo contar con una mano, y me sobran dedos. Mary Poppins es uno de ellos, así que cuando Disney anunció que regresaría a Cherry Tree Lane para continuar con las aventuras de la institutriz más famosa del cine, me pareció una mala idea. El encanto de Julie Andrews en ese clásico de 1964 es único; su voz, incomparable. ¿Quién se atrevería a reinterpretar uno de sus papeles más icónicos? La valiente fue Emily Blunt, y su trabajo en Mary Poppins Returns habla -y, también, canta- por sí solo.

Consciente de que nadie puede igualar Andrews, la actriz británica no intenta reproducir su actuación sino ofrecer su propia versión del personaje. Ambas comparten el decoro de toda una dama inglesa, así como el punzante sentido del humor que la caracteriza, pero la “Mary” de Blunt es un poco más abierta a dejarse llevar por la magia que esparce a su alrededor, y es fácil comprender por qué. La dulzura y nobleza que irradian de la pantalla es irresistible, aun en estos tiempos tan cínicos, o, quizás, a raíz de ellos.

El argumento se desarrolla 25 años después de los hechos de la película original. Los hermanitos “Jane” y “Michael Banks” -encarnados por Emily Mortimer y Ben Whishaw- ya son adultos, y este último es padre de tres niños: “John”, “Anabel” y “Georgie”, quienes un año antes perdieron a su madre. Las vidas de los “Banks” reciben otro azote cuando el banco amenaza con desahuciarlos si “Michael” no repaga un préstamo en los próximos días, por lo que todos se lanzan a tratar de encontrar un certificado de acciones que les dé liquidez para salvar su hogar. Y así no más, como si llamada inconscientemente, llega desde las alturas “Mary Poppins” para encargarse de los niños “Banks”, tanto de los más jóvenes como de los más viejos.

Contrario a la última vez que la vimos en pantalla -cuando básicamente fue pedida por encargo y descrita a la medida por “Jane” y “Michael”-, “Mary” hace su reaparición más a modo de oráculo que de terapeuta familiar. Los “Banks”, aun con sus desgracias, aparentan estar emocionalmente bien, y dan a entender que podrían sobrellevar este nuevo obstáculo sin la niñera. Ella simplemente parece haber recibido copia del libreto, lo que significa que está al tanto de todo lo que va a pasar y está aquí para asegurarse de que las piezas estén en su sitio para que la trama fluya. Es una manera menos astuta de usar al personaje, y ciertamente le resta valor a su presencia en las vidas de esta familia, pero entre un número musical y el próximo, se puede hacer caso omiso de esta falta de imaginación.

No hay que observar el largometraje con una lupa para notar a leguas que el esqueleto de la historia es una radiografía del filme del 63: el hechizante primer encuentro entre “Mary” y los niños; el zambullido a una colorida secuencia en la que los actores interactúan con personajes animados; la visita a un alocado pariente de la niñera; los viles y avaros banqueros; la linda canción para arrullar a los pequeños; el baile nocturno por las calles de Londres con decenas de representantes de la clase obrera. Si por originalidad fuese, la película no obtendría muchos puntos a su favor. Esta, sin embargo, no parece haber sido la meta de la producción.

Su objetivo, me atrevo a especular, era evocar la magia de la original, y en este aspecto Mary Poppins Returns funciona mejor de lo esperado. Rob Marshall no necesita introducción cuando de dirección de musicales se trata, y se encarga de que cada secuencia de canto y baile transmita una energía contagiosa. Blunt es un absoluto deleite, radiante y efusiva, y junto a Lin-Manuel Miranda como el encendedor de faroles “Jack”, la pareja trae a la mente la jovial química que se manifestó entre Andrews y Dick Van Dyke hace más de 50 años. Las canciones funcionan bastante bien, capturando el espíritu de los clásicos compuestos por los hermanos Sherman, aunque ninguna resulta inmediatamente pegajosa, mucho menos supercalifragilísticoexpialidosa.

Posted by Mario Alegre Femenías

Nacido en Puerto Rico y criado en el cine, Mario Alegre Femenías se desempeña como crítico de cine desde el 2003. Sus héroes cinematográficos incluyen a David Lynch, Akira Kurosawa, Studio Ghibli y Mr. Miyagi. En su tiempo libre disfruta de los juegos de mesa, los videojuegos y educar a sus hijos "on the ways of the Force".

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