“Red Sparrow” presenta otro matiz de Jennifer Lawrence

La película de espionaje va dirigida a satisfacer a los seguidores del género que prefieren la intriga a las secuencias de acción.

Jennifer Lawrence no anda en las de complacer a nadie. Tras años de ser la querendona de los talk shows por su extrovertida manera de expresarse, darse a conocer como la heroína de toda una generación adolescentes en The Hunger Games, horas y horas de maquillaje para transformarse en la mutante “Mystique” y recibir un Oscar por un trabajo meramente “OK” en Silver Linings Playbook, la joven actriz anda en búsqueda de papeles que la reten. Los gustos de la masa no figuran entre sus prioridades, ni tampoco las nominaciones que estos roles pudiesen significarle.

Claro que volverá a salir en otra cinta de X-Men -esas son las que pagan la renta- pero es en películas como mother!, de Darren Afonofsky, o el estreno de hoy, Red Sparrow, donde crecerá artísticamente, al abrazar matices más oscuros que revelan otra cara de ella. El largometraje la reúne con Francis Lawrence, el director de las últimas tres secuelas de The Hunger Games, quien aquí sugiere que quizás aún no hemos visto lo mejor de él al articular el trabajo más logrado de su filmografía, un filme maduro y serio, que no pestañea a la hora de exponer en las salas comerciales la violencia y los abusos sexuales con la crudeza que amerita.

Lejos de ser otra Atomic Blonde o algo en la misma vena de la trilogía de Jason Bourne, Red Sparrow aspira a ser una película de espionaje con los pies en la tierra, en la que la intriga pesa más que la acción y las persecuciones. Lawrence no alcanza el formalismo de obras de la talla de Tinker Tailor Soldier Spy, pero los clásicos espías de John Le Carré no parecen haber sido el norte del autor Jason Matthews, cuya novela homónima llega a la pantalla a través de la adaptación de Justin Haythe para introducirnos a una agente del gobierno que no ejerce este oficio por voluntad propia, sino a modo de amenaza y tras una cruenta serie de abusos.

Lawrence interpreta a “Dominika Egorova”, la primera bailarina del Bolshoi quien, tras sufrir una severa fractura en su pierna, es reclutada por su tío -un alto funcionario del departamento de inteligencia, encarnado por Matthias Schoenaerts- para ingresar a una escuela de espías especializados en técnicas de seducción para extraer información del enemigo. El cuerpo de “Dominika”, como le recuerda la despiadada instructora encarnada por Charlotte Rampling, le pertenece al estado. “Desde niña el estado ha nutrido ese cuerpo, y ahora pide algo a cambio”. La joven no está de acuerdo, pero la vida de su madre -quien convalece en Moscú y depende del cuidado médico gubernamental- depende de que ella acceda a las peticiones de su tío, pero lo hará cómo y cuándo ella así lo quiera.

El papel de “Dominika” exige mucho de Lawrence, tanto física como emocionalmente, exponiéndola ante las cámaras como nunca lo ha hecho, permitiéndole retomar el control de las violaciones de las que ha sido víctima en su vida personal. La actriz sobresale en el frío rol, donde el “arte” de la seducción se manifiesta sin la más mínima intención de que resulte provocativo. Se percibe un claro respeto entre la Lawrence y el director, que viabiliza esta cualidad y es lo único que mantiene a Red Sparrow al margen del cine de explotación.

Por lo demás, la trama no es nada novedoso dentro del género de espionaje. La misión de “Dominika” se centra en dar con la identidad del traidor dentro del gobierno ruso que le está filtrando información a los estadounidenses, resultando en el típico juego entre el gato y el ratón de ver quién descubre a quién antes de que sus respectivos enemigos se den cuenta de la traición. El libreto mantiene el suspenso cocinándose a fuego lento, y Francis Lawrence se encarga de que elevar la tensión en momentos claves, dirigidos a despertar al espectador que quizás pensó que venía a ver un filme de acción y se topó con algo más calculado y distante a conformarse con el mero entretenimiento banal. No que Red Sparrow no sea ejemplo de esto, pero es un buen ejemplo de esto, y hay que aplaudirle a 20th Century Fox el que continúe apoyando proyectos como este, dirigidos a un público adulto y comprometidos en apoyar la visión del director, aun cuando esto pudiese costarles en la taquilla.

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Posted by Mario Alegre Femenías

Nacido en Puerto Rico y criado en el cine, Mario Alegre Femenías se desempeña como crítico de cine desde el 2003. Sus héroes cinematográficos incluyen a David Lynch, Akira Kurosawa, Studio Ghibli y Mr. Miyagi. En su tiempo libre disfruta de los juegos de mesa, los videojuegos y educar a sus hijos "on the ways of the Force".

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