“The Shape of Water” compila los “hits” de Guillermo del Toro

El cineasta mexicano retorna a los cuentos de hadas en este romance entre especies que seduce pero no enamora.

Es difícil no admirar a Guillermo del Toro. En tiempos cuando la imaginación resulta cada vez más efímera en el séptimo arte, el cineasta mexicano continúa apostando a sus historias originales. Más asombroso aún, consigue estudios que se las financien, incluso cuando la mayoría no han encontrado la recepción deseada en la taquilla. Películas como Pacific Rim y Crimson Peak no habrán sido éxitos comerciales, pero son 100% Del Toro, claros ejemplos de su fascinación por el cine de género, los monstruos, lo macabro y la tradición cinematográfica. Da gusto verlo trabajar, y basta con escucharlo en cualquier entrevista para palpar su pasión por el medio.

Aun cuando sus destrezas como guionista no suelen estar tan pulidas como su excepcional don para producir imágenes deslumbrantes, es imposible imaginar a otro director adaptando sus libretos. Su pluma y sus ojos son un matrimonio inseparable, con todo y sus carencias, las cuales se aceptan con facilidad ante todas las virtudes que se observan en pantalla. The Shape of Water no será una de sus mayores obras, pero no es por falta de empeño, creatividad ni talento. Del Toro se encarga de enamorar nuestra mirada, mas no da en el blanco cuando apunta al corazón.

Sally Hawkins utiliza el cuerpo y la máscara magistralmente, expresando los deseos de su personaje sin que se extrañen las palabras.

En The Shape of Water, el director y guionista retorna al tema que le obsesiona: los cuentos de hadas, decisión bastante osada de su parte, considerando que él mismo realizó El laberinto del fauno, una obra maestra en lo que a este subgénero respecta. Y es aquí donde está parte del problema, en las sombras que un trabajo mayor y más robusto produce sobre otro con el que comparte algunas similitudes -resonancias de piezas mejor orquestadas en el pasado-, trasplantando la acción de la Guerra Civil Española a la Guerra Fría en Estados Unidos.

Sally-Hawkins

La trama se desarrolla en Baltimore, en 1962, principalmente en un búnker que sirve de laboratorio al ejército estadounidense. Allí trabaja Elisa (Sally Hawkins, tan encantadora como de costumbre), una empleada de limpieza que sueña de noche y de día con vivir en un musical hollywoodense, en cantar como lo hacía Ginger Rogers. Bailar como ella tampoco le molestaría. Lástima que es muda, aunque por momentos Hawkins logra que uno olvide este detalle. La actriz británica utiliza el cuerpo y la máscara magistralmente, expresando los deseos de su personaje sin que se extrañen las palabras. Su expresiva interpretación contrasta notablemente con el “Romeo” que Del Toro coloca en su camino, una criatura anfibia que podría ser un primo cercano del Creature from the Black Lagoon o el Abe Sapien de Hellboy.

Encarnado por Doug Jones -frecuente colaborador del director-, el monstruo sin nombre cautiva a la tímida Elisa, quien se las ingenia para llevarle huevos hervidos y serenarlo con jazz de la época mediante un pequeño tocadiscos (evidentemente, no hay mucha seguridad en esta ultra secreta base militar). El erotismo que surge de esta relación entre especies toma a uno por sorpresa, aun cuando desde el principio se establece que Elisa es una mujer muy cómoda con su sexualidad, pero fuera de que Del Toro se atreve a ir ahí, el romance como tal nunca trasciende lo superficial.

Del Toro introduce múltiples alegorías, pero ninguna se siente ganada, más bien colocadas transparentemente sobre el esqueleto de un cuento de hadas como una obvia fábula.

El mayor obstáculo en el desarrollo de esta relación no nace del hecho de que ninguno de los enamorados pueda hablar. Tanto Hawkins como Jones transmiten oleadas de sensaciones con sus cuerpos, y cualquier vacío que pudiese haber entre ellos, la dirección de Del Toro y la mágica banda sonora de Alexandre Desplat se encargan de llenarlo. El problema es la historia paralela con la que atropelladamente se interseca, una intriga de espionaje tan insulsa y genérica que parece sacada de la enésima temporada de Homeland, con Michael Shannon como el retorcido y prejuiciado villano que ha repetido tantas veces a lo largo de su carrera que ya se ha convertido en una caricatura.

Shannon interpreta a Richard Strickland, un marido abusador y agente del gobierno que está al acecho de un espía ruso infiltrado en este lado del Atlántico. También es el hombre que capturó a la criatura, a la cual odia con ese desdén con el que muchos estadounidenses detestan todo ser foráneo. Del Toro introduce claras -muy, muy claras- alegorías acerca de los miedos a los inmigrantes, las mujeres sin voz y otras constantes luchas de derechos civiles, pero ninguna se siente ganada, más bien colocadas transparentemente sobre el esqueleto de un cuento de hadas por aquello de llevar un mensaje, como una obvia fábula. Octavia Spencer encarna a una arquetípica trabajadora negra en un papel sin mayor dimensión, igual que el de Richard Jenkins, como el vecino de Elisa, un homosexual reprimido. Ninguno de los dos personajes compone nada fuera de servir de marcadores de una minoría marginada.

Lo que sí sobresale -además de la actuación de Hawkins- es el arte de Del Toro para confeccionar una atmósfera de fantasía con matices oscuros, así como el balance perfecto que siempre consigue entre los efectos prácticos y los digitales. El espléndido diseño de producción a cargo de Jeffrey A. Melvin -uno de los 13 Oscar a los que el largometraje aspira- trae a la mente la sobresaturada paleta de colores de Amelie, de Jean Pierre Jeunet, prestando más atención al detalle en los más recónditos rincones de un tiro de cámara que películas enteras prestan a toda su puesta en escena.

Por supuesto, también se aprecia el amor de Del Toro por el cine en toda su inmensidad, tanto el placer de verlo como el de hacerlo. The Shape of Water contiene muchos de los éxitos del director mexicano: la estructura de un cuento de hadas para adultos, la criatura interpretada por Doug Jones, un villano que evoca -pero jamás se acerca a igualar- al Capitán Vidal del Fauno… La película no hará nada nuevo dentro de su filmografía, pero tampoco molesta simplemente verlo tocar los hits.

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Posted by Mario Alegre Femenías

Nacido en Puerto Rico y criado en el cine, Mario Alegre Femenías se desempeña como crítico de cine desde el 2003. Sus héroes cinematográficos incluyen a David Lynch, Akira Kurosawa, Studio Ghibli y Mr. Miyagi. En su tiempo libre disfruta de los juegos de mesa, los videojuegos y educar a sus hijos "on the ways of the Force".

  1. Dennis Vega 01/02/2018 at 8:23 pm

    Vi la película hoy. Está muy bien hecha. Muy de acuerdo con tus comentarios.Su puesta en escena es magistral. Esperaba mas de la pelicula. Aun así merece el premio a la mejor pelicula ya que se sale de lo comercial de Hollywood.

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