El problema de las películas de DC se llama “Superman”

Alterar la esencia del personaje tuvo un efecto nocivo en la creación y desarrollo del universo cinematográfico de DC Comics.

Superman es mi superhéroe favorito. Lo ha sido desde que vi a Christopher Reeve abrir su camisa y mostrar la emblemática “S”. Acepto que no es el más cool, el más gracioso ni el más complejo. No es Ironman, Spider-Man o Batman. Es, simplemente, Superman. EL superhéroe, así, en mayúsculas. Sin él, no hay ningún otro. Es el arquetipo, el modelo a seguir, la fórmula original de la que se desprenden todos los derivados. Es el superhéroe en su máxima expresión. Su forma más pura.

Algunos detractores dirán que esto lo hace aburrido, que la falta de defectos le restan dimensión, pero no podría estar más en desacuerdo. Su perfección no es una falla del personaje sino una virtud. El hecho de que se insista en alterar su persona, en hacerlo más débil, más corruptible, más inseguro, más… humano, dice mucho acerca de nosotros.

Pueden ser un gran pueblo, Kal-El, desean serlo. Solo les falta la luz para mostrarles el camino. Por esta razón ante todo, su capacidad para el bien, les he enviado a ti, mi único hijo. – Jor-El, en Superman: The Movie

No es que no entienda el interés en hacerlo. Los defectos agregan carácter, generan drama, pero hay decenas -sino cientos-, de otros superhéroes que llevan décadas atrapados en los mismos traumas emocionales, casi siempre involucrando a alguna figura paternal o maternal muerta (sorry, Bruce, en tu caso fueron ambas). La tragedia nunca tocó a Superman. La destrucción de su planeta ocurrió horas después de nacer. Vivió una infancia de ensueño en la Tierra, con dos padres amorosos que le inculcaron valores y lo convirtieron en una buena persona. Descubrió sus poderes y los uso para el bien, aun poseyendo la capacidad para destruir al planeta con tan solo una mirada.

Ese era el Superman que yo conocía, con el que crecí y coloqué en un pedestal. El que vi en las películas de Richard Donner, la serie animada de Bruce Timm e incluso en Superman Returns, un filme lleno de problemas, pero Superman no es uno de ellos. No hay nada, NA-DA, tan emocionante en los tres largometrajes de Zack Snyder como la secuencia del rescate del avión en caída libre. Esa era la versión que –ingenuamente- esperaba encontrar en Man of Steel, aunque no sé qué de la filmografía del director me pudo haber dado esa idea. Probablemente fue el teaser original, con la banda sonora de Lord of the Rings, la narración de Russel Crowe como Jor-El y la imagen de un niño con una capa roja en la clásica pose.

“Tú le darás a la gente un ideal. Ellos correrán detrás de ti, tropezarán, caerán. Pero con el tiempo, se unirán a ti en el sol. Con el tiempo, los ayudarás a lograr maravillas”, se escucha en el teaser de minuto y medio de duración. La promesa del Superman de mi niñez ciertamente estaba ahí, así que no me la imaginé. Las palabras expresadas por Crowe evocan a las de Marlon Brando en Superman: The Movie, donde interpretó al mismo personaje. Es un mensaje esperanzador, fiel al espíritu del último hijo de Krypton.

Mi versión de Superman es esencialmente un tipo que ha pasado toda su vida solo.
– Henry Cavill

No estoy opuesto a las revisiones de personajes, más cuando estos llevan décadas sembrados en la médula de la cultura popular. Sherlock Holes no deja de ser Sherlock Holmes, independientemente de que investigue un crimen en la época victoriana bajo al pluma de Arthur Conan Doyle o en el 2016 interpretado por Benedict Cumberbatch. Su esencia e idiosincrasias se mantienen prácticamente intactas. Ahora, si se sale mucho de los márgenes, pues ya no es Sherlock, y eso fue lo que pasó con Man of Steel.

El problema con Man of Steel no es que sea una mala película. Como otra aventura de superhéroes, es relativamente decente. El problema es que es una mala película de Superman. El tipo que sale en ella -encarnado por Henry Cavill- se asemeja a la imagen física que uno pudiese tener del Hombre de Acero. Vuela como él, tiene los mismos poderes que él, su historia de origen es la que conocemos de él… pero no es Superman. No fue hasta que volví a verla este año que caí en cuenta que este hombre con la “S” en el pecho es Superman vía Alan Moore. El brillante autor británico hizo en Watchmen la mejor deconstrucción del personaje que jamás se haya hecho en la forma del Doctor Manhattan, un hombre convertido en dios, solitario, extirpado de su humanidad y agobiado por el monumental peso de su existencia.

Ese es el Superman de Zack Snyder y David S. Goyer, representado por un Clark Kent serio, introvertido, atormentado desde niño por sus poderes y la responsabilidad de ellos, con un padre pesimista que le sugiere que quizás sea mejor dejar a la gente morir que revelar la verdad de lo que es. Su infancia y adolescencia no fueron años alegres en Smallville. Descubrir que podía volar nunca le produjo felicidad. Al vivir tan enajenado del resto del mundo, no exhibe empatía hacía él ni sus habitantes. Protegerlos no es una prioridad. En su casa jamás se lo inculcaron. Su papá adoptivo murió estúpidamente solo para probar su punto.

La peor decisión de Warner Bros. fue seguir Man of Steel con Batman v Superman, en lugar de hacer Man of Steel 2.

El universo cinematográfico de DC Comics (DCEU, por sus siglas en inglés) nació en el 2013 de esta versión errada de su personaje más querido, y lleva desde entonces luchando contra esa falta congénita. Su peor decisión fue seguir Man of Steel con Batman v Superman. Su versión de Kal-El tenía remedio, pero necesitaba su propia secuela para enderezar el barco. En su lugar, Warner Bros. reaccionó a las malas reseñas y un recaudo en taquilla por debajo de lo estimado recurriendo a Batman tan solo cuatro años después de que Christopher Nolan terminase su exitosa trilogía de The Dark Knight. Superman se vio reducido a un papel secundario, opacado por el alter ego de Bruce Wayne, un personaje más popular entre los fanáticos de los cómics, porque “dark” es sinónimo de “cool”.

Batman v Superman continuó haciendo del Hombre de Acero una clara amenaza para la Tierra, en lugar de un protector. Querido por pocos y temido por muchos, Superman se encierra aun más en su armazón, hallando consuelo únicamente en los brazos de Louis Lane. “Nadie permanece bueno en este mundo”, dice justo antes de ir a pelear con Batman, y resulta difícil no estar del lado del Caballero Oscuro. Nada de este Superman me hace estar de su lado, pero el filme al final espera que su sacrificio -hecho más por Louis que por el resto de los humanos en el planeta- sea visto como un acto de heroísmo desinteresado.

Panel de “All-Star Superman”, por Grant Morrison

Tomó tres películas y cuatro años para llegar a un semblate del Superman que conozco, pero en Justice League finalmente hace su aparición. No en su primera escena, con la que abre el filme, donde es incapaz de decirle a un niño una sola cosa que le guste de la Tierra sin titubear. Se le nota incómodo, pero eventualmente, cuando regresa a la acción, Snyder y Joss Whedon se acercan a aquel Superman heroico, confiado y sonriente que reconozco de los cómics, el cine y la televisión. Lástima que haya llegado tan tarde y luego de dos malos largometrajes, que ahora no concuerdan en lo absoluto con este último. Bruce y Diana Prince se refieren a él como un gran amigo, y me pregunto cuándo fue que surgió esta amistad. ¿En los 30 minutos entre “Martha!” y la muerte a manos de Doomsday? Lo veneran como algo que jamás fue, como un líder capaz de unirlos a todos, un “faro de esperanza para la humanidad”. ¿En qué momento se vio esto? Es como si Justice League existiese en una realidad alterna a las otras dos cintas.

Me habría encantado ver una versión de esta trilogía en la que todo esto que dicen de Superman fuese cierto y hubiese quedado plasmado en pantalla. Considero que Justice League deja al personaje en un mejor lugar, muchísimo más cercano a su verdad, pero al momento su futuro en el DCEU -y el de este universo cinematográfico en general- permanece incierto. La película de Flash pisa y no arranca, la de Aquaman… digamos que no me inspira mucha confianza, y Warner continúa obsesionado con seguir recurriendo a Batman y los personajes ligados a él en un intento por producir apuestas más “seguras”. Cavill tiene el potencial para ser un buen Superman en otras manos que no sean las de Snyder y Goyer. Espero que le permitan ser quien es. El mundo necesita a Superman, necesita de su bondad, valentía, desinterés y todos esos otros “aburridos” valores. Pero ya que no lo podemos tener en la realidad, al menos déjennos verlo en el cine.

Posted by Mario Alegre Femenías

Nacido en Puerto Rico y criado en el cine, Mario Alegre Femenías se desempeña como crítico de cine desde el 2003. Sus héroes cinematográficos incluyen a David Lynch, Akira Kurosawa, Studio Ghibli y Mr. Miyagi. En su tiempo libre disfruta de los juegos de mesa, los videojuegos y educar a sus hijos "on the ways of the Force".

  1. Creo que entiendo lo que quieres decir con llamar al Superman de Snyder “El Superman de Alan Moore”, pero cabe destacar que Alan Moore de hecho escribio 2 historias de Superman, “For The Man Who Has Everything” (tal vez viste la adaptacion en un episodio de la JLU) y “Whatever Happened to the Man of Tomorrow.” Ambas son muy buenas historias de Superman que deberias leer cuando tengas el tiempo.

    Que buena fuera que Snyder basara su Superman en el de Alan Moore, las peliculas hubieran sido mucho mejoros.

    Fuera de eso, concuerdo por completo. Lo mejor de Justice League es que representa la muerte del Superman de Snyder y el nacimiento del Verdadero Superman en el DCEU.

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  2. Yo entiendo que el problema ha sido apresurar el universo cinematográfico. Debieron de darle más tiempo a que nos encariñáramos con los personajes.

    Ejemplo, si Superman murió en BvS… tirar las stand alone de los demás personajes donde se hiciera referencia a esta pérdida y las consecuencias y luego en Justice League juntar los personajes y resucitar a Superman.

    Pero quieren hacer todo muy deprisa. Creo que lo determinante para la calidad y productividad no fue Superman, lo es el hecho a que todo luce a destiempo.

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