“Army of the Dead” arrastra los pies

Los zombis correrán, pero la nueva película de Zack Snyder tropieza en la marcha.

La fusión del zombie movie con el heist movie debería ser un match made in movie heaven, una de esas singulares ideas que llevan a preguntar ¿cómo es que a nadie se le ocurrió antes?, y si le sumamos el regreso del director Zack Snyder al morboso subgénero en el que lo vimos nacer 17 años atrás, razones de más había para anticipar el estreno de Army of the Dead. Basta con ver sus primeros 15 minutos para revalidar el don que posee este cineasta para hacer de la tradicional secuencia de créditos un fabuloso cortometraje en sí mismo, compactando en tan poco tiempo y a través de pura narrativa visual justo lo que necesitamos saber antes de proceder con el resto de la cinta. Lo que procede, sin embargo, no es tan memorable como esa promesa inicial. Es posible divisar una mejor -y mucho más corta- edición de este mismo filme. Está ahí, escondida a plena vista entre los 148 agotadores minutos que contribuyen activamente a la rápida dilución tanto de la acción como del suspenso. Pero, por favor, no tome este comentario como una invitación a comenzar una campaña de hashtags exigiendo el “release” de esta hipotética versión (que no existe).

No, esta es una producción de Netflix, y si Martin Scorsese puede hacer una película de mafiosos de 3.5 horas de duración, Snyder puede hacer una de zombis de 2.5 horas sin que quepa duda de que lo que vemos en pantalla es exactamente lo que ellos quisieron que viéramos, o -en lo que respecta al estreno de esta semana- lo que no viéramos. Incluso los mayores detractores del director detrás de 300 y Man of Steel son capaces de conceder que el tipo tiene tremendo ojo (tiene dos, en realidad). Su composición de tiros y la distintiva estética que persigue en cada uno de sus trabajos ha sido su mayor fortaleza como artista, razón por la que resulta difícil comprender por qué, en su debut como su propio cinematógrafo, optó por filmar Army of the Dead utilizando lentes con la más mínima profundidad de campo, haciendo que la inmensa mayoría de las tomas se vean desenfocadas salvo el sujeto frente a la cámara. El efecto es desconcertante, y produce una innecesaria distracción por el constante cambio de puntos focales en el recuadro. Como de costumbre, hay muchísimas composiciones que son capaces de robar el aliento -particularmente en tiros exteriores-, pero más por su calidad fotográfica que por su efectividad como imágenes en movimiento. Snyder parecería estar experimentando con el look a medida que vemos el largometraje, indeciso acerca de cuándo ofrecer claridad y cuándo -por razones que se me escapan- hacer que todo se vea borroso.

Esa misma falta de claridad no se limita a lo que se observa. El libreto -coescrito por él junto a Shay Hatten y Joby Harold- no hace el mejor trabajo de construir este mundo en el que, luego de que un zombi se le escapa al ejército estadounidense (a raíz de un accidente que involucra el sexo oral, cabe señalar) la ciudad de Las Vegas es consumida por los muertos vivientes y termina aislada del resto de la nación mediante un muro compuesto por vagones de carga. A las afueras, viven los sobrevivientes, entre ellos el protagonista, “Scott Ward” (Dave Batista), quien es contratado por un magnate japonés (Hiroyuki Sanada) para robar una bóveda en el sótano de un casino, por lo que se da a la tarea de reclutar a otros mercenarios como él para ejecutar la arriesgada misión antes de que Las Vegas sea aniquilada por una bomba nuclear. Está su mano derecha, “María Cruz” (Ana de la Reguera); la izquierda, “Vanderohe” (Omari Hardwick), con su sierra eléctrica (un must en toda película de zombis); la piloto, “Mariane Peters” (Tig Notaro); un alemán experto en abrir cajas fuertes (Matthias Schweighöfer); una estrella de Youtube (Raúl Castillo) con un canal acerca de matar zombis; la “coyote” que se dedica a llevar y traer gente de la zona restringida (Nora Arnezeder); y “Kate Ward” (Ella Purnell), la hija de “Scott”, que se suma al equipo, complicando lo que está en riesgo para él.

El elenco ciertamente tiene la actitud correcta para este tipo de película. Batista hace años que debió haberse graduado y convertido en una estrella de acción de alto calibre, pero su carrera se ha circunscrito a papeles secundarios o terciarios. Aquí recalca que cuenta con la presencia y carácter necesarios para cargar con el rol protagónico, aun cuando el guión no le ofrece material suficiente como para darle una tridimensionalidad a su personaje, y lo mismo le ocurre al resto del reparto. Estos no son más que meros arquetipos (la piloto, el/la badass, la hija rebelde, el tech guy, etc.), sin sustancia alguna, por lo que acaban siendo tan desechables como los propios monstruos que despachan a diestra y siniestra. Pero incluso con esto trabajando en su contra, Batista logra vender la angustia de su papel, y cuando de matar zombis se trata, lo logra con creces. Las insuficiencias del libreto, sin embargo, no se limitan a los personajes, sino que se extienden a la trama, una burdamente calcada de Aliens, al extremo de que hasta el desenlace evoca a uno de los momentos más culminantes de aquella obra maestra de James Cameron. En un subgénero tan necesitado de originalidad, como lo es el de los zombis, este detalle no le hace ningún favor al filme, más cuando lo que concierne al atraco -ese elemento que inicialmente llamó tanto la atención en torno a su premisa- no es nada especial.

Lo que si trae a la mesa en términos de novedad es lo que compete a los zombis. Primero, se ven espectacularmente macabros, y vienen de toda especie, desde tigres y caballos hasta -por supuesto- humanos con su propia jerarquía. Hay un rey zombi, una reina zombi, un bebé zombi, vedettes zombis y hasta un Liberace zombi. La manera como estos funcionan, tanto como grupo como individualmente, los distingue de sus predecesores lo suficiente como para sentirse frescos, por más podridos que estén. Al igual que la mayoría de los proyectos de esta índole actualmente saliendo de Hollywood, Army of the Dead es el inicio de su propio universo, uno que contará con una serie de anime y una precuela, que con suerte expandirán la mitología detrás de esta versión de estos monstruos y ofrecerá el trasfondo que no existe en este largometraje.

La acción también acaba siendo uno de los aciertos de la producción. En ese departamento, Snyder rara vez decepciona. Hay una secuencia dentro de uno de los casinos en la que los héroes están rodeados por zombis en estado de hibernación que logra ser genuinamente tensa, y el desenlace consigue concluir la historia con todos los bombos, sangre, vísceras y platillos que se esperan de esta clase de entretenimiento. Lástima que haya que aguantar tanto para llegar a hasta ese punto, aunque al final Snyder se lleve la última carcajada, porque si algo queda claro, es que él continúa siendo el rey indiscutible de escoger las canciones más obvias posibles. Usted sabrá cuál es tan pronto escuche los primeros acordes. Snyder es el tipo que hubiese puesto a sonar The Heat is On en el soundtrack de Heat, de él haberla dirigido. Sencillamente, esa es la clase de artista que es. Ámenlo u ódienlo. Army of the Dead no será su versión de Dawn of the Dead, pero habita en algún punto medio entre “muerto” y “viviente”.  

Army of the Dead estrena el próximo viernes, 21 de mayo, en Netflix y estará en la cartelera de los cines exclusivamente durante una semana.

Posted by Mario Alegre Femenías

Nacido en Puerto Rico y criado en el cine, Mario Alegre Femenías se desempeña como crítico de cine desde el 2003. Sus héroes cinematográficos incluyen a David Lynch, Akira Kurosawa, Studio Ghibli y Mr. Miyagi. En su tiempo libre disfruta de los juegos de mesa, los videojuegos y educar a sus hijos "on the ways of the Force".

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