Sundance: “CODA” toca todas las notas correctas

La tierna historia de una hija de padres sordos cuenta con un elenco ejemplar.

El Festival de Sundance arrancó en la noche del jueves con la sobrecogedora CODA, la segunda película de la directora Sian Heder, que no dejó ni un solo ojo seco en el teatro, y por “teatro” me refiero a la sala de mi hogar. La pandemia ha sido una espantosa calamidad, pero irónicamente -de no ser por ella- miles de periodistas no podríamos estar cubriendo este célebre evento cinematográfico de manera virtual, apertura que me encantaría que se mantuviera una vez sobrepasemos esta crisis.

“CODA” significa “Child of Deaf Adults”, entiéndase por esto un hijo o hija oyente de padres sordos. Emilia Jones interpreta a la protagonista, “Ruby Rossi”, la hija adolescente de “Jackie” (Marlee Matlin) y “Frank” (Troy Kotsur), y hermana menor de “Leo” (Daniel Durant), los cuatro dedicados a la pesca en un pueblito de Massachussets. “Ruby” es la única en su familia que escucha, lo que la hace el único medio de comunicación del clan con el mundo -a modo de intérprete- a la vez que la ancla y le impide soñar con perseguir otra aspiración en su vida. Heder realiza un muy buen trabajo de introducir al espectador en el entorno de la joven, rodeándola de tres actores sordomudos con los que se comunica a través de lenguaje de señas a lo largo del filme, que resulta tan cómico como conmovedor. A “Ruby” le apasiona cantar, y cuando un maestro -interpretado por el mexicano Eugenio Derbez- la convence de audicionar para Berkeley, se ve en la disyuntiva de quedarse ayudando a sus padres o irse a la universidad. 

El largometraje es el arquetípico Sundance feel-good movie con potencial para convertirse en un indy darling del 2021, y mientras esto podría sonar peyorativo, lo que le permite salirse con la suya es la convicción con la que el encantador elenco se aferra a los clichés que abundan en él y nos convencen de su vehemente creencia en ellos. Incluso cuando el desenlace se puede prever a leguas, y uno pudiese pensar que ha visto esta misma película cientos de veces, la directora Sian Heder toca todas las notas correctas sin caer en sentimentalismos baratos, logrando escenas genuinamente tiernas que se ganan cada lágrima que provocan. Todo el cine es manipulador. La clave está en cuán bien nos manipula, y CODA consigue hacerlo sin mayor esfuerzo.

Apuntes de Sundance – Día 1

Quiero destacar que mi primer día “en Sundance” transcurrió sin el más mínimo “glitch” en lo que respecta a su transmisión digital. La aplicación provista a la prensa por el festival para ver las películas en el televisor funcionó de maravilla y los tres “streams” de ayer se vieron muy nítidos.

Además de CODA, tuve la oportunidad de ver One for the Road, un melodrama tailandés producido por Wong Kar-wai, que si bien evoca las idiosincrasias estilísticas del aclamado director hongkonés, carece de la pasión que caracteriza su filmografía. El libreto -coescrito por el director Nattawut Poonpiriya- gira en torno a un joven que, al descubrir que está muriendo de leucemia, llama a su mejor amigo para que lo lleve a reencontrarse con sus ex novias con miras a hacer las paces con ellas por los despechos del pasado. El problema es que ambos son dos personajes extremadamente antipáticos. Peor aún, son dos macharranes irredimibles, por lo que la trillada premisa de aventurarse en un road trip en busca de redención de cara a la muerte jamás logra convencer como gancho dramático. Y, para colmo, dura 136 interminables minutos. Más allá de la atractiva cinematografía, no encontré nada memorable.

El día de apertura del festival culminó con la primera película de su programa Midnight, dedicado al cine de género, principalmente el terror. Censor, ópera prima de la cineasta Prano Bailey-Bond, se desarrolla durante la década del 80 en Inglaterra, en pleno auge del thatcherismo, cuando el gobierno declaró como “video nasties” a una decena de filmes que fueron censurados o, incluso, se prohibió su proyección en el país. Niamh Algar encarna a “Enid Baines”, una de las empleadas encargadas con ver estas producciones y señalar los cortes necesarios para permitir su exhibición, que cree haber visto a su hermana -desaparecida desde su infancia- en una de estas cintas. Mientras la directora demuestra que posee un muy buen ojo y es plenamente capaz de confeccionar una tensa atmósfera, su relato carece de carne, y el “mood” y estilo que logra establecer cabalmente es incapaz de cargar la historia hasta el final, aunque este termina siendo la mejor parte. Dicho eso, estaré pendiente a lo próximo que haga.

Mi segundo día en Sundance continúa con dos documentales -uno de ellos acerca de Rita Moreno, dirigido por la boricua Mariem Pérez-, un largometraje mexicano y lo nuevo del director Ben Wheatley. Mañana les cuento.  

Posted by Mario Alegre Femenías

Nacido en Puerto Rico y criado en el cine, Mario Alegre Femenías se desempeña como crítico de cine desde el 2003. Sus héroes cinematográficos incluyen a David Lynch, Akira Kurosawa, Studio Ghibli y Mr. Miyagi. En su tiempo libre disfruta de los juegos de mesa, los videojuegos y educar a sus hijos "on the ways of the Force".

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